Vínculos y pareja

Entre el amor y el síntoma

Por Joaquín Balbas · Psicólogo Sistémico Relacional

Juan está saliendo con Sofía hace unos ocho o nueve meses. Todo marchaba bien desde un comienzo: buen entendimiento, complicidad, interés mutuo, planes todos los fines de semana. Los amigos de Juan y su familia percibían que algo nuevo se estaba gestando en su vida. Lo cierto es que Juan se estaba enamorando: su intención, su sentir y su conducta estaban orientados hacia Sofía y la situación con ella.

Al cabo del tercer mes, aproximadamente, Sofía comienza a tomar alguna que otra distancia. Elige planes con amigas por sobre Juan, demora en contestar los mensajes, se muestra dubitativa ante cada propuesta que él trae. Hasta ahí, nada fuera de lo esperable: no es bueno "mimetizarse" del todo con el otro, y siempre es importante no descuidar otras áreas de la vida. Sin embargo, aunque Sofía seguía eligiendo a Juan como compañero, otras prioridades hicieron que el vínculo tomara un color distinto a la hora de comunicarse. Juan quería, de manera insistente y ansiosa, "volver a cómo estaban antes". Así pasaron varios meses, hasta llegar al año de relación.

Es en ese punto que Juan decide consultar. Trae como motivo un estado de ansiedad generalizado, pensamiento catastrófico y rumiante acerca de su situación amorosa.

La primera impresión que me da esta consulta es la de un joven que sufre por amor, un amor que de alguna manera ya fue hace un tiempo. Luego de un rato hablando con él, aparece una segunda impresión: Juan se había enamorado de la situación con Sofía durante los primeros tres meses, y había quedado en una "situación de espera" que lo dejaba en disponibilidad constante, sin poder poner energía en otras cosas que para él eran importantes, como ver a su familia o compartir tiempo con sus amigos.

¿Debe Juan tomar decisiones sobre aquello que quiere, o sobre la base de lo que siente? ¿Qué es, en definitiva, lo que Juan está esperando?

El problema de Juan no es menor, ni muy distinto de lo que nos sucede en la vida cotidiana. Nuestro cerebro puede quedar atrapado en un desfase temporal: sobre la base de aquello que fue —mucho placer, mucha dopamina y serotonina— sentamos las bases de una expectativa a futuro sobre lo que queremos que sea. Y en el medio de esa distancia entre lo que fue y lo que esperamos que vuelva a ser, aparecen los síntomas de ansiedad, se alimenta el miedo, la inseguridad, y todo se convierte en un círculo vicioso difícil de romper.

¿Puede el cerebro quedar atrapado en un desfase temporal? ¿Puede la expectativa sobre un amor prevalecer sobre lo que sucede en el aquí y ahora? ¿Sobre qué base tomamos, en definitiva, las decisiones dentro de un vínculo?

Nota: la situación descripta es una composición ilustrativa, elaborada a partir de motivos de consulta frecuentes en el consultorio, y no corresponde a una persona real ni a un caso identificable.

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